Mirando un documental por televisión, el soldador submarino Otilio Bayón decide repentinamente hacerse budista. Se imagina habitar un mundo distinto, de colores y sonidos blandos y lentos. Mantos de color mostaza, sonidos exóticos de caracolas, salmodias de mantras. Ululan a lo lejos unas trompetas de bronce, largas como serpientes. Y, en un templo del Himalaya, cabras, jergones de enea para dormir, y el cráneo fresquito y afeitado.
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Oficinas de Nepal Airlines. En las fotos de las paredes, Otilio cree ver los viajes de Aníbal, que venía de no se sabe dónde en unos elefantes, y del explorador Marco Polo, que como todo el mundo sabe inventó la pólvora y los spaghetti.
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Lunes. Diciembre. Una carta con un yin y un yang en el matasellos tiembla entre las manos emocionadas de Otilio.
Sábado. Febrero. Otilio carga el carrito en unos grandes almacenes. Un piolet, una biblia, unas sandalias, mondadientes, una camiseta de Bob Marley, una navaja del Ejército suizo y una gorra de visera. Entre otros...
Jueves. Abril. Clac. Se cierra un cinturón de seguridad. Un gran suspiro. Otilio estira las piernas. Se acabó la rutina civilizada. El avión despega.
Final 1
Monasterio de Lambu-Pang. Nepal. 5894 m de altitud. Durante muchos meses, Otilio no se entera de nada. No entiende el lenguaje místico, ni sabe de yins ni yangs, ni de yoes astrales, ni de nada que se le parezca. Pero un día, masticando una raíz cruda de ginseng, ve una luz blanca en lugar del paisaje y se convierte. Transcurren así muchos años en suspensión mental. Otilio, casi levitando, camina hacia la perfección espiritual.
Un buen día, en un televisor, ve un papagayo de hojalata anunciando unos jeans, y decide que está ya harto de verduras, de salmos y de moscas. Él cree que va, pero en realidad regresa, a la civilización, donde al principio tampoco se entera de nada. Los periódicos están escritos en Morse, y los semáforos son encarnaciones del Tantra.
Mendigando por las Ramblas de Barcelona, una mujer-estatua llama su atención. Está vestida de monje budista. 112 kg de peso. Ex lanzadora de jabalina. Adora el chocolate y los perros caniches.
Domingo. Mayo. Postrado en un jergón, Otilio Bayón apura su última colilla y se levanta con andar fatigoso. Su mujer está a punto de llegar, y él aún no ha fregado los platos de la noche anterior. Se toca el ojo morado y las magulladuras en las costillas.
De esa noche no pasa. Mañana mismo llamará a la Asociación de Maridos Maltratados.
Final 2
Al llegar a Karachi, Otilio se encuentra con unos escaladores que van al Himalaya y, escuchando sus explicaciones en idioma kunjut, deduce que el budismo consiste en subir hasta el K7 y dejar que la mente flote allá arriba en una especie de éter verde.
Mientras los demás escaladores desfallecen bajo el peso de las botellas de oxígeno, Otilio, respirando directamente de un bote de vicks vaporub, sube tan campante hasta la cima, estornuda, y comprende que somos apenas una mota de polvo en el Universo.
Por lo tanto, no hay tiempo que perder. Regresa a Karachi, se sube al primer tren que parte hacia el sur y, unos meses después, en Bangkok, le gana un burdel a un malayo en una partida de cartas.
Domingo. Mayo. Bangkok. Sobre un lecho de plumas y rodeado de esclavas, Otilio Bayón aspira de una pipa un humo azulado que enciende su mirada de felicidad.



Hola Ricky 🙋🏻♂️
Muy curiosa y chistosa la historia... Sin problema si no quieres, pero si sí, me gustaría saber:
¿Es la línea de tiempo (diciembre, febrero, abril y mayo) alguna especie de indicador o clave?
¿Para Otilio Bayón pasaron muchos años (final 1) ó muchos meses (final 2), pero en realidad solo pasaron 5 meses y Otlio está de alguna forma viviendo esto en su subconciente?
¿ No sé te pasó poner: CONEXIONES?
Gracias Ricky M., buen día.
🤗👍🏼👍🏼👍🏼