Mapas invisibles
Maravilllas de la zoología estática
¿Alguna vez ha recibido usted una descarga eléctrica al tocar el pomo de una puerta? ¿O ha visto cómo su vello se erizaba al acercarle un globo que alguien había frotado contra un tejido? Sí, parece anecdótico. Pero, a partir de ese fenómeno, la naturaleza ha encontrado soluciones sorprendentes. Y mucho más imaginativas que las que a usted o a mí se nos podrían ocurrir.
La naturaleza maneja muchas más variables que nosotros, y por eso oímos a veces decir que ‘la realidad supera a la ficción’. Desde el gusano más diminuto hasta las aves migratorias que surcan los cielos, las criaturas del reino animal viven en un entorno cargado eléctricamente. Y han aprendido a utilizarlo.
Bienvenidos al fascinante mundo de la zoología estática.
Un paisaje electrizante
No todos saben que, bajo nuestros pies, la superficie terrestre tiene una carga eléctrica negativa. En cambio, a la atmósfera le sucede lo contrario. La carga positiva de la atmósfera aumenta a medida que nos elevamos, y ese fenómeno crea un campo eléctrico que rodea nuestro planeta.
Pero es una fuerza muy débil. En condiciones normales, no se le erizará a usted el cabello cuando salga a comprar el pan. Sin embargo, las tormentas eléctricas mueven enormes masas de aire y humedad, y el resultado de esos movimientos todos lo hemos visto iluminar las noches turbulentas: los relámpagos.
A una escala mucho más humilde, alguna que otra especie animal ha desarrollado trucos para detectar esos paisajes eléctricos que nuestros ojos no perciben, y ha conseguido beneficiarse de ellos.
Siga leyendo. Se va a sorprender.
La tempestad que se acerca
En los comienzos del siglo XX, algunos investigadores empezaron a observar comportamientos extraños de algunos insectos antes de las tormentas. Los pastores ya sabían que el ganado se mostraba inquieto horas antes de que se desatara una tormenta, pero durante siglos nadie sospechó que ocurriera algo parecido en el diminuto mundo de los insectos.
Y, sin embargo, se empezaron a descubrir casos sorprendentes. La pregunta era inevitable. ¿Pueden todos los animales percibir los cambios eléctricos de la atmósfera? Para responder a esa pregunta, los investigadores empezaron a desarrollar instrumentos particularmente sensibles. Y, sobre todo, métodos ingeniosos para medir los campos eléctricos alrededor de los seres vivos.
Y descubrieron fenómenos sorprendentes.
Cosechas eléctricas
Cuando una abeja vuela, la fricción entre el vello de su cuerpo y las moléculas del aire genera una carga eléctrica positiva. Imagínese una pila eléctrica volando de flor en flor. Las flores, en cambio, están conectadas al suelo a través de sus tallos y raíces, y tienen, por lo tanto, una carga eléctrica negativa.
Cada vez que una abeja, con su carga positiva, se acerca a ellas, la atracción eléctrica que se genera ‘tira’ de los granos de polen hacia el cuerpo de la abeja, que los va almacenando. Esa interacción mejora la eficiencia de la recolección de polen hasta en un 20%. Y todos salen ganando. La abeja obtiene más alimento, y la planta tiene más posibilidades de ser fecundada.
Pero hay más todavía. Mientras la abeja está interactuando con la flor, el campo eléctrico entre ellas se altera. En las inmediaciones de la flor, las otras abejas lo detectan y ya no se molestan en acercarse. Ese polen ya ha sido recolectado. Indirectamente, la electricidad estática transmite información.
Autopistas en el aire
Pero para una araña eso es una minucia. Cuando llega el momento de abandonar el nido, las diminutas crías de araña trepan hasta lo alto de una hoja, de una roca o de un edificio, lanzan al aire delgadísimos hilos de seda y emprenden viajes que pueden llegar a alcanzar cientos de kilómetros. Durante más de un siglo, los científicos creyeron que esos hilillos se comportaban como velas desplegadas al viento.
Pero la realidad es algo más compleja. Las arañas tienen unos pelitos que se erizan con la electricidad estática. ¿El viento está en calma? No importa. Hay una autopista invisible que recorre todo el planeta. La araña lanza sus hilitos, los hilitos se cargan de electricidad estática, y el campo eléctrico de la atmósfera los repele. ¡A volar!
Insectos meteorólogos
No sólo las arañas son sensibles a la electricidad estática. Muchos insectos son capaces también de detectar la cercanía de una tormenta con horas, o incluso días, de antelación.
Las abejas son uno de esos insectos. Cuando perciben que el campo eléctrico de la atmósfera anticipa mal tiempo, regresan a sus colmenas y salen con mucha más cautela a recolectar polen. Lo mismo les sucede a algunas especies de moscas y de escarabajos. ¿Alguien ha visto alguna vez una mosca volando bajo la lluvia?
El secreto de todos esos bichitos es su sensibilidad. Son capaces de percibir variaciones del campo eléctrico atmosférico miles de veces menores que las que podemos detectar los humanos. ¿Recuerda aquel día en que se sintió particularmente irritable justo antes de una tormenta?
Volar sin alas
Pero no es sólo la atmósfera. También en el suelo hay intrincados campos eléctricos que influyen en sus moradores. Esos campos eléctricos varían según su contenido de humedad, su composición mineral y la presencia (o no) de raíces. Los nematodos —unos gusanos microscópicos que mantienen el suelo saludable— perciben esas variaciones, que les permiten encontrar alimentos y hábitats apropiados.
Por encima del suelo, la atmósfera rebosa de bacterias, hongos, virus y otros microorganismos. Es lo que los científicos denominan “aeroplancton”. Igual que las arañitas, todos esos microbios recorren también enormes distancias gracias a los campos eléctricos de la atmósfera.
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente
No son sólo los animales pequeños los que se benefician de la electricidad estática. Desde hace tiempo, se sabía que las aves migratorias se guían por el sol, las estrellas y los campos magnéticos. Ahora, empezamos a tener indicios de que también los campos eléctricos las ayudan a orientarse. No sólo para migrar, sino también para sortear tormentas peligrosas.
También los tiburones, las rayas y otros peces han desarrollado sutiles mecanismos que detectan el débil campo eléctrico generado por las contracciones musculares –incluso por el aletear de las branquias– de otros animales. Cuando el agua del río baja turbia, es un recurso inestimable.
Como ciencia, la zoología estática está aún en pañales, y es todavía mucho lo que queda por descubrir. Y son también muchas las preguntas por responder. ¿Aprenderemos algún día a crear mapas eléctricos que nos muestren el entorno como a los nematodos o a los peces? ¿La electricidad estática es más importante de lo que pensábamos en la comunicación entre los animales?
La naturaleza encierra aún muchos más misterios de los que sospechamos. Las fuerzas eléctricas invisibles que nos rodean se manifiestan con una complejidad que muchos animales han sabido aprovechar durante millones de años. La próxima vez que sienta usted ese calambrazo al tocar un picaporte, recuerde que apenas se está asomando a un paisaje eléctrico fascinante e inabarcable que algunos animales, a diferencia de usted o de mí, son capaces de contemplar.





Todavía estoy dudando si debí haber escrito 'zoología estática' o 'zoología electrostática', que parece más ajustado al tema que estudia. En inglés, por lo visto, la han llamado simplemente 'estática' y, por experiencia, sé que el nombre original inglés termina instalándose en nuestro idioma.
No me parece grave. Los únicos animales propiamente estáticos que conozco están en los talleres de los taxidermistas, y no aportan gran cosa a la zoología. Como dice uno de los epígrafes de este artículo, 'camarón que se duerme, se lo lleva la corriente'. Así que, por el momento, con 'estático' se quedan.
Hola Ricky M.
Muy interesante y desconocido para mí lo que mencionas sobre el manejo del campo electrostático por parte de muchos insectos y algunos animales y aunque no precisamente relacionado pero no del todo exento está el beneficio (no comprobado científicamente) y la sensación de bienestar que nos aportan los iones negativos en el aire y el efecto contrario observado (no científicamente comprobado) que se da cuando en el ambiente predominan los iones positivos.
Con una disculpa por incluir algo sin evidencia científica sólida pero tú post me recordó ésto.
Gracias 🤗👍🏼👍🏼👍🏼